jueves, 10 de septiembre de 2009

Santa Catalina: Una parada de trenes escondida…


¨ La parada se encuentra en un costado de la reserva que lleva el mismo nombre. Fue construida a fines del siglo XIX. Hoy el apeadero pertenece al ramal Temperley - Haedo; en el lugar queda el cartel indicador y una estructura estilo inglés.

La zona sur del Gran Buenos Aires tiene escondido entre sus cimientos destellos de historia local. Algunos suelen ser visibles a la vista de los hombres que día a día recorren los conglomerados sureños, otros necesitan de una mirada algo más certera.
Es la parada Santa Catalina uno de esos lugares que encierran mucha historia y hoy parece esconderse entre un espeso bosque.
En el año 1886, se llevaba a cabo una importante obra por parte del por entonces Ferrocarril Oeste, la concreción del ramal Mármol - Haedo, y el trazado fue dibujado cortando lo que hoy es la reserva Santa Catalina.
El progreso fue creciendo alrededor de este apeadero que se vio sitiado por importantes industrias (hoy muchas abandonadas) que crecieron en los albores del siglo XX.
Javier Garín en un importante estudio sobre la reserva y los sitios históricos que están dentro de la misma es categórico al afirmar que “Santa Catalina representa más del ochenta por ciento del total de las superficies verdes del partido de Lomas de Zamora”.
Además deja en claro que “dicha área constituye uno de los últimos espacios verdes de amplia superficie del conurbano Sur”.




¨ Una pequeña parada

El apeadero está ubicado a unos metros de Garibaldi y el paso a nivel de las vías del ex ferrocarril Oeste. Y es la segunda parada desde que el tren sale de Temperley, (antes lo hacía de José Mármol pero con la llegada del tren eléctrico el ramal fue modificado y en el empalme Temperley se desvía justamente hacia este nuevo destino), en el andén Nº 6 ya que la primera es Hospital Español en Turdera.
Una gran cantidad de árboles, cobija esta pequeña parada que sólo tiene en su haber un cartel con el nombre y una pequeña casa típica de los años ingleses del ferrocarril.
No obstante el predio lindero a la estación ha sido, según el informe de Barín, declarado, por ordenanza, Reserva y parque didáctico cultural así como Monumento histórico municipal y Reserva ecológica de interés municipal de Lomas de Zamora.
El ascenso y descenso de pasajeros es de baja intensidad, ya que en ese lugar no hay viviendas cercanas y sólo algunas fábricas que no cerraron en épocas difíciles, es la escenografía que acompaña esta humilde y añeja estación ferroviaria.

¨ Paseando con amigos.

Además de un desvencijado tren que recorre el apeadero una vez por hora con ventanas rotas y personas que pasan por ese lugar y encuentran en el mismo un halo de momentos de antaño cuando las máquinas emanaban vapor; nos encontramos con muchas personas que suelen pasear por las cercanías de esta parada.
Para entrar al predio se debe ir por el portón que se encuentra en la intersección de las calles Garibaldi y bulevar Santa Catalina. “Solemos ir a Santa Catalina los fines de semana a andar en bicicleta por los caminos de cemento y tierra y en algunas oportunidades vamos a visitar el paraje del tren, ya que es un lugar distinto a los demás donde podemos tomar mate entre amigos. “Contó Pablo un entusiasta visitante que junto con Gastón y Laura estaban recorriendo la zona.
Santa Catalina es una de esas piezas de colección que muchos miran con gran nostalgia y algo de anhelo por los tiempos idos.

¨ “ Vimos un grupo Scout ”

Pasear, sacar fotos y visitar la parada suelen ser las cosas que los asiduos “curiosos” hacen principalmente los sábados, domingos y feriados por esos solares.
Pero según narró Pablo: “Una vez vimos un grupo de entusiastas Boy Scout que estaban acampando por la zona, la verdad que nos llamó mucho la atención “aclaró el visitante.
Es ese apeadero uno de los más peculiares que tiene el Gran Buenos Aires: combina nostalgia, recreación gente de trabajo y también aquellos destellos de violencia moderna reflejada en los trenes que pasean sus ventanas destruidas una vez por hora debido a las piedras que algunos metros más adelante reciben como causa de esa diversión que no se comprende.
Un Llavallol distinto se reposa sobre ese denso bosque que tiene la reserva sobre uno de sus extremos.
Lo cierto es que el chalecito típico de estación inglesa contempla de hace más de un siglo el devenir de una sociedad que va sufriendo cambios, de un ferrocarril que de apoco se va transformando y de un movimiento de gente que los fines de semana toman esta zona como un pedazo de tierra donde la historia convive en medio de un Llavallol que lejos de modernizarse aún guarda parte importante de su pasado. Tal vez alguno de los frondosos árboles del bosque o las vías que yacen en el lugar tengan entre sus recuerdos el humo de las locomotoras y el susurrar de tantos vecinos que día a día han pasado por ese páramo en medio de fábricas y una pequeña parada de ferrocarril: un sitio que sobrevive como testimonio de la historia de Llavallol

2 comentarios:

  1. La estación queda en Llavallol. No queda en Turdera. Nada que ver. No Turdera.

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  2. El ramal iba de Haedo a la Plata antes. Y la estación nada que ver con Turdera. La estación queda en Llavallol.

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