sábado, 5 de septiembre de 2009

UN PUENTE DE LADRILLOS ACUNA LA HISTORIA DE TURDERA


• El puente data de principios de siglo XX.
• Se encuentra ubicado en la avenida General Frías, sobre las vías del ex ferrocarril Roca.
• Por él pasaban las tropas con los reseros que iban rumbo al matadero.
• Hoy, sigue manteniendo la fisonomía de antaño.

Sobre la avenida General Frías y las vías del ex ferrocarril Roca se puede observar uno de los rasgos más curiosos que tiene la ciudad de Turdera: un puente de ladrillos que yace en ese lugar desde los albores de 1900.

Este fue construido por el ferrocarril cuando se debió llevar a cabo el pozo en el que se encuentra la estación Turdera, ya que estas tierras están a 25 metros sobre el nivel del mar. Los ladrillos se fueron apilando de apoco, pero con un encastre perfecto ya que una vez hecho nunca más fue tocado en su estructura.

El puente fue testigo de las más interesantes historias: desde los tiros de los hermanos Iberra hasta el vapor humeante de las más negras locomotoras.

Pero de todas las anécdotas la más pintoresca suele ser el paso de las tropas de ganado que pasaban por allí rumbo al matadero de Temperley; claro que para pasar sobre él debían los reseros, que son quienes guían a la tropilla, abonar una cierta suma a la familia Iberra. Una vez el pago, los reseros, se detenían en una posta necesaria como el agua misma.

“Por acá pasaban las tropas que venían de Cañuelas - contó una antigua vecina del lugar -. La calle se llenaba de vacas, vacas jóvenes. Y estaban los arrieros: cuatro o cinco que pasaban por acá. A veces, los hombres pedían agua y mis hermanos le alcanzaban una jarra de agua.”


Hoy por hoy el puente marca, por el sector oeste, el límite entre Turdera y Llavallol; además, está en diagonal con respecto a la avenida General Frías, y suele ser una trampa para algunos automovilistas desprevenidos.

Se lo quiso demoler hace varios años, para construir uno más ancho y seguro, por eso se levantó el terreno en el lugar para hacerlo pero... todo quedó trunco.

• Una zona poco cuidada

El mensuario Nuestro Pueblo, periódico de Turdera, de septiembre de 1965 decía en un artículo sobre la zona: “Nadie debe dejar de desconocer que la zona de Turdera Sud, de noche es quizás la más triste del partido de Lomas de Zamora; esquinas y bocacalles sin luz o cuando mucho a media luz, con un puente centenario (avenida General Frías y vías FGR) abandonado a la buena de Dios por las autoridades”.

“Transitar por él, aún de día, es una verdadera odisea; de noche no tiene parangón y eso no puede ser. Turdera debe ser alegre de noche y de día, y para ello hay que trabajar para iluminarla como se merece: por su belleza, por su adelanto y lo que es más por su seguridad.”, enfatizaba la publicación turderense en busca de soluciones.

Lo cierto es que el puente está ahí, y con sus casi 100 años a cuesta es capaz de soportar, con la misma naturalidad con que soportaba una vaca, un camión de gran porte.

Debería ser declarado monumento histórico ya que es uno del los pocos en su genero que todavía se mantiene en pie y con la misma vigencia de principios de siglo.

Paradojas de la vida moderna: trenes eléctricos, camiones transportando ganado, avenidas de pavimento y...un puente de ladrillos. El de siempre. El que, aún, acuna parte grande de la historia de Turdera y guarda testimonios imborrables: de humo negro de locomotora, de vacas y reseros, de los Iberra, de visitas de Borges y de postas.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Luis Agote, un médico ilustre que vivió en Turdera



“Cuando murió este benefactor de la humanidad -en Turdera-, el 12 de noviembre de 1954, su capital eran 8.000 libros que integraban su biblioteca y 830 pesos depositados en su cuenta bancaria”, afirma Carlos Mujico en su libro “Sí, Aquí Vivieron”.

El doctor Luis Agote nació en Buenos Aires el 22 de noviembre de 1868, e ingresó a la Facultad de Medicina en 1887 donde se graduó con una tesis que llevaba por nombre “Hepatitis supurada”. Pero su máxima obra fue descubrir de qué manera se podía conservar la sangre para hacer transfusiones, y esto fue festejado en el Mundo.

La Primera Guerra Mundial iniciada en 1914 abría una paradoja: mientras se mataba gente a millares en los frentes de ataque, Agote ideaba la manera de salvar vidas mediante las transfusiones sanguíneas.

Debido a esto es que el 9 de noviembre de 1914 en el Instituto Modelo de Clínica Médica se realizó una transfusión para reponerle la sangre a un niño que estaba convaleciente debido a una hemorragia nasal. Allí se puso en práctica el descubrimiento que impedía que la sangre se coagulara fuera del cuerpo.

“El doctor Luis Agote tenía esa sencillez que es característica en las grandes almas. Su vida ofreció rasgos de una grandeza excepcional, pues fue ejemplo de intensidad vocacional y de generosa proyección al bien”, asegura el periodista Pablo Ramírez en el libro “Los irritantes privilegios en el deporte”.

La inventiva fue de gran utilidad para la humanidad. Pero el doctor no dio mayores explicaciones cuando se lo consultó, años después, sobre los pormenores del descubrimiento.

“Un sobrino mío se moría a causa de una hemorragia nasal -sostenía Agote-. No había forma de salvarle la vida, si no era restituyéndole la sangre mediante una transfusión. La hicimos y el chico se salvó, pero yo necesitaba algo más, un elemento anticoagulante para que la extracción llegara a la vena del paciente en el mismo estado de fluidez.”

“Una mañana -continuó la explicación- observé a un médico del instituto mientras estudiaba los glóbulos rojos en una solución se citrato de sodio. Salí a la calle y al pasar por un restaurante de la calle Florida vi un plato con huevos. Recordé que el citrato de sodio impide la coagulación de la albúmina, la asocié con el suero sanguíneo y allí hallé la solución.”


Político, funcionario público y escritor

Luis Agote ocupó varios cargos públicos. Fue secretario del Congreso Interamericano de Medicina e Higiene (1910); director del Lazaretto de Martín García; jefe de Sala del Hospital Rawson y tuvo a cargo la cátedra de Clínica Médica.

Como político llegó a diputado: “Ocupó una banca en el Congreso de la Nación entre 1912 y 1913. Pero no para obtener ventajas materiales, como es la principal finalidad de una gran mayoría de los políticos de los últimos tiempos, sino para presentar o defender proyectos destinados al logro de beneficios para la sociedad”, aclara Pablo Ramírez.

La escritura también lo apasionó, tanto como la lectura. Es por esto que dejó una extensa obra médica.

Eduardo Zabalegui, periodista expresó que “dejó una profusa obra escrita en la que recopiló su enseñanza; gran parte se reunió en los Anales del Instituto Modelo de Clínica Médica”.

Además, incursionó en filosofía y redactó el libro “Nerón, los suyos y su época”.


Su vida en Turdera.

No sólo vivió en Turdera, sino que además contribuyó a causas nobles en el partido de Lomas de Zamora como: auspiciar la creación del primer servicio de Hemoterapia en el Hospital Gandulfo.

En Preti al 300 compartió sus últimos días con los estudios para lograr la cura de una grave enfermedad: el cáncer.

Su salud se debilitó y tuvo un serio problema cerebral que lo alejó de las investigaciones, de los libros y de su laboratorio.

Hoy una calle en el partido de Lomas de Zamora lleva su nombre, hoy el recuerdo se pierde en una calle, pero se agradece en todo el Mundo el descubrimiento que para siempre cambió la historia de la medicina.

Doctor Luis Agote, un médico ilustre que vivió en Turdera...

Federico Gastón Guerra

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Reseña histórica del predio en donde hoy se encuentra la plaza Libertad




Los espacios verdes son muy importantes para la oxigenación de una población, y en especial debe darse un marcado interés a los pulmones de las ciudades. Es por esto que la inauguración de una plaza, especialmente en una zona con gran población y sin muchos lugares públicos con vegetación, es un hecho altamente celebrable.

La plaza Libertad constituye un espacio verde público de magnitud, debido a la gran cantidad de gente que a diario ha de disfrutarlo. La salud de cada persona va de la mano de la pureza del aire, y la buena oxigenación se consigue con espacios abiertos y, sobre todo, planificados con estética.

Este sitio de la calle Laprida constituye una zona de importancia histórica, que vale la pena recorrer, ya que esconde segmentos de historia que son muy importantes en la vida de los lomenses. Historias ligadas con la vida privada, comercial, sentimental, deportiva... Es que en este predio desarrolló fútbol el Club Atlético Los Andes, durante casi una década.

Esta propiedad pertenecía desde 1902 a Rafael Marcellini, vecino lomense. Este les propuso a los miembros de la comisión del Club Atlético Los Andes el alquiler de su predio, en el año 1928. Tras varias tratativas, con otros dueños de terrenos, se opta por esta fracción de tierra.

Ya sobre los albores de 1930 se acondicionan esos solares para ir preparando el campo de juego: se poda el cerco perimetral, se pinta la vivienda que estaba en la manzana y se acomodan los alambres y banderines que conformarían la estética del campo de fútbol.
Un 26 de abril de 1931 se inaugura de manera oficial el campo deportivo. El público colma las instalaciones desde muy temprano y es una gran jornada la que se vive. Son muchos los festejos que se llevan adelante: pruebas de atletismo, suelta de palomas, una competencia de básquet entre Los Andes y Lomas, y un partido de fútbol.

Antiguos vecinos del lugar catalogan ese momento como “apoteótico”, debido a lo importante que fue, para muchos, el momento vivido. Claro que lo que más se recuerda es el partido de fútbol que el equipo de Los Andes le ganó por 1 a 0 a Nacional de Adrogué; el tanto lo consiguió Villén cuando al cotejo le quedaban 10 minutos. Ese día el “team” de Lomas formó así: Bordolli, Varela y Chelli; Peña, Sijo y Brandoni; Mora, Villén, Gaiezzi, Maclosky y Rodríguez.

“La batalladora entidad luego de muchos esfuerzos y sinsabores ha conseguido realizar una de sus más caras aspiraciones como era poseer un campo de deportes donde desplegar sus actividades deportivas”, reflejó en sus páginas el ya desaparecido diario La Provincia de Lomas de Zamora.

“Los arcos daban a la calle Laprida y Gorriti -contó Juan Luis Stoppini, antiguo vecino de Lomas y ex arquero del club-. Ahí se jugaron grandes partidos; en una oportunidad ganamos 11 a 1, y yo no me tiré en ese gol porque había mucho barro.”

En las décadas del ’30 y del ’40 los equipos de primera división ponían a jugar a las reservas en los campeonatos de segunda es por eso que Stoppini recuerda que “jugamos con grandes equipos en esa cancha sin tribunas como, Boca Juniors, River Plate, Racing...” Sin olvidar entidades locales como Deportivo Lomas, Estrella Blanca...

El club, de apoco, fue ganando simpatizantes que día a día se asociaban para practicar deporte en las modernas instalaciones que estaban sobre los terrenos que daban a la calle Laprida, eterna y perdurable.
Calle de árboles, Laprida, de adoquines con grandes tiendas, negocios con enormes toldos (más cerca de la hoy avenida Hipólito Yrigoyen), y ese tranvía que la recorría en parte para buscar refugio en la estación de Temperley.

Luis Legnani, periodista lomense ya fallecido, en su libro “Un lomas que yo he visto” escribió: “Quien recorra Laprida con ánimo de curiosear podrá observar sobre un popular bazar una edificación antigua, apenas, camuflada (...). Era ese el tipo de edificación que primaba en casi toda su extensión”.

Debido a la demanda de socios es que resuelve, el Club Los Andes, comenzar a buscar nuevas tierras para erigir su estadio e instalaciones deportivas. Tras un tiempo de búsqueda la Comisión Directiva opta por dejar los terrenos de Laprida y Posadas, y se instala en la hoy avenida Santa Fe esquina Boedo. La inauguración de su nuevo campo deportivo fue un 28 de septiembre de 1940, ese día jugó frente a Unión de Santa Fe.

“Recuerdo que cuando se fue Los Andes, luego de un tiempo, se instaló un equipo de rugby, creo que se llamaba Porteño, yo he ido a ver partidos de esa disciplina ya que jugaban varios pibes de mi barra de amigos” contó Francisco Ridao, vecino de Turdera, quien vivió por años en los alrededores de la hoy plaza Libertad.

Una vez hecho el traslado a las tierras las gana, por un tiempo, el abandono. “Mirá, yo he ido a ver promediando la década 1940 campeonatos de moto que se organizaron en ese predio. Ahí compitió José Cruz, quién era campeón de moto, y salió en la tapa de la revista deportiva El Gráfico en alguna oportunidad “expresó Edgardo Costa quien reside en Lomas y vivió toda su juventud en las cercanías del feudo.

En 1945 la intendencia decide la compra de las tierras de Marcellini, que eran de 6.052 metros cuadrados.

El historiador Norberto Candaosa escribió acerca de la operación de compra por parte del municipio lo siguiente: “Mediante una seña del 20% a la firma del boleto y el resto en cuotas. La intendencia no cumple con los pagos acordados, salvo la seña, pese a que la decisión de comprarla es ratificada por el Concejo Deliberante en 1948; decisión a la que se agrega al año siguiente la de adquirir un predio lindero de 4.008 metros cuadrados”.

Ante la falta de cumplimiento por parte de la Municipalidad, los herederos demandan en 1951 la recesión del contrato.

Es por esto que se le inicia juicio al municipio lomense; este dura 10 años y en 1961 la Justicia da un fallo desfavorable a la Municipalidad. Más allá de esto se efectúa un arreglo entre los dueños del predio y las autoridades de Lomas de Zamora, disponiendo una expropiación en 1967 por un monto de $12.077.544 pagaderos en tres cuotas anuales.

La deuda quedó saldada en 1972. Los funcionarios lomenses cedieron a la provincia de Buenos Aires las tierras para que se construya un Hospital de seis pisos. Nada ocurrió.

Luego, una vez que mermó la actividad deportiva en el lugar, otros emprendimientos se llevaron adelante: "en la década del ’60 llegó a estas tierras un parque de diversiones con los divertimentos de la época” ilustraron pobladores de Laprida al 1000.

En la década del ‘60 el lugar es ganado decididamente como espacio público. Pero desde 1952 la zona fue utilizada como recreo. El primer nombre del parque fue “Derechos de la ancianidad”, luego pasó a llamarse “Libertad” en 1955.

El periódico La Provincia decía en un suplemento del 26 de noviembre de 1960 lo siguiente en el epígrafe de una fotografía: “Mudo testigo de pasadas glorias. Así se ofrece el vestuario de entonces, hoy parte de una plaza pública. Por él desfilaron famosos jugadores del club y también se replegó temeroso frente a un amotinamiento de la hinchada (...)”.

Hay quienes recuerdan el paso de un circo por la antigua cancha de Los Andes: “La carpa la pusieron sobre las tierras que hoy conforman la plaza Libertad. Los chicos se divertían mucho allí”, rememoran los lugareños. Incluso hay quienes aseguran que en ese circo repartió sonrisas y piruetas el célebre Pepe Biondi, que por cierto fue vecino de Banfield.

Las carpas circenses llevaban júbilo a los suburbios del centro de Lomas: “(...) las expectativas de distracción de los vecinos lomenses estaban cifradas casi exclusivamente en la llegada de los circos que ambulaban con su carga de alegría y colorido instalándose en los baldíos suburbanos (...)”, resalta Carlos Mujico, historiador local, en su libro "Sí, aquí vivieron”.

Más tarde, promediando 1970, en la vivienda que estaba en el predio, comenzó a desempeñar sus actividades el sencillo teatro Horizonte. En ese entones es que “se instala un mástil con un reloj de cuatro caras”, recuerda Norberto Candaosa.

“Cumpliendo su destino trashumante y en busca de ‘nuevos horizontes’, el teatro (Horizonte) se traslada a Laprida al 1200 -recuerda Luis Legnani en su libro ‘Un Lomas que yo he visto’-, precisamente donde hace años estaba la cancha del Club Los Andes. Y la que fuera sede de la entidad deportiva, se convirtió en escenario de dos magníficas obras: ‘Panorama desde el puente’, de Arthur Miller, y ‘La zorra y las uvas’, basada en la fábula de esopo.”

Por su parte la alegría llegaba a ese lugar de la mano de kermesses que, con la llegada del verano, se instalaban en el predio de la hoy plaza Libertad. Allí los distintos juegos de la época hacían más llevadera la época estival lomense, desde la clásica ruleta hasta el embocar aros en botellas de vidrio, todo muy familiar.

Tal vez, debido a estos sucesos culturales e inspirados en los versos del escritor lomense Juan José Manco que dicen: “Las lomas de mi tierra echadas / sobre esta vasta alfombra / de la verde llanura”, es que los vecinos quisieron comenzar a pergeñar una plaza prolija y concisa.

Es por estas movidas y trabajos realizados por el municipio, que Lomas de Zamora disfruta de un cómodo lugar de esparcimiento hacia 1979, año en que se hacen importantes arreglos.

“Mi jardín ha sido pensado / con sofisticada belleza / no es lujoso ni osado / pero no es sencilla su grandeza”, el verso pertenece a Sara Mabel Masci, y es un fiel reflejo de lo que muchos lomenses pensaron de su plaza Libertad.

Acaso, como evocación final, son válidos los cálidos versos de Nilda Heredia: “Te veo. Te reconozco entre los tranvías / en los zanjones coreando las ramas / bajo el sopor húmedo de tus noches / los banquillos, la calesita a caballo”. Estos sirven para describir lo que muchos vecinos lomenses piensan sobre el pasado que se fue y el presente que nos marca sus realidades.



Indicios sobre la libertad

En el momento de tener que encontrar palabras para explicar que es la libertad es bueno recurrir a la poesía, que es un camino interesante para llegar a las aproximaciones de aquellos términos tan abstractos.

Gabriela Bednarz esboza, en su libro, conceptos como: “Libertad es no querer encasillar las ideas, es no cuartar los instintos”; “Libertad es no encerrarse en reglas ni parámetros”.

Por su parte, Marcela Bibiana Guelfi describe la libertad de esta manera: “La libertad es poesía, porque la poesía es libre”.

A todo esto puede agregarse que la libertad es quien nos conlleva a pensar y opinar libremente, equivocados o no. Acaso, y no como frase hecha: “la libertad es la esencia de la vida”.

De una forma aún más poética se puede definir a la libertad como: “La sensación de volar bien alto, con las alas abiertas”.

Más allá de buscar definiciones sobre libertad en el verso y querer refugiarnos en la prosa para explicar el sentido de esta palabra, tan honda en el sentimiento y tan amada y querida, debemos decir que para llegar a sentirnos libre debemos: “Hacer un alto, mirar nuestro interior y meditar, este es el camino para llegar a la esperanza y a la libertad”.
PD: Foto de
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bibliografía

1. Mensuario La Voz “Los Andes: Inauguración”, diciembre 1993. Año 1; Nº2, página 13.
2. Reseña histórica sobre el Club Atlético Los Andes confeccionada por Guillermo Irimia.
3. Cuaderno de investigaciones Nº 2 del Instituto Histórico Municipal de Lomas de Zamora. Septiembre de 1998.
4. Gabriela Bednarz “ Libertad, por siempre libertad”. Ediciones Amaru; 1996.
5. Carlos Mujico “Sí, aquí vivieron”. Ediciones Taller 4; 1994.
6. Luis Angel Legnani “Un Lomas que yo he visto y orígenes e historia de Lomas de Zamora”. 6ª edición ampliada; adhesión al 135º aniversario de la fundación del Partido de Lomas de Zamora 1861-1996.
7. Juan José Manco “Adiós, viejo Lomas”. Ediciones Taller 4; 1992.
8. Diario La Provincia, suplemento extraordinario “Los Andes Campeón 1960”. 26 de noviembre de 1960.
9. Sara Mabel Masci “Abriendo las alas”. Ediciones Rondas literarias; 1998.
10. Revista Visión del Sur “El progreso de Laprida” por Martín Lanata, septiembre de 1993.
11. Nilda Heredia “Selección Poética”. Editorial Maitén; 1998.
12. Conversaciones mantenidas con Juan Luis Stoppini, miembro del Instituto Histórico Municipal de Lomas de Zamora, escritor de libros sobre el pasado de Lomas de Zamora.
13. Diario La Prensa, sección ilustrada de los domingos, 3ª Sección, “Herederos del Lomas” por Guido Gota. 10 de octubre de 1971.
14. Marcela Bibiana Guelfi “Anuario Argenta de Poemas 6”. Editorial Argenta; 1993.
15. Museo Americanista de Lomas de Zamora.
16. Consultas personales hechas con vecinos antiguos de la zona de plaza Libertad.

martes, 1 de septiembre de 2009

Potreros: Terrenos mágicos, testigos de gambetas y picardías


· Un humilde homenaje a los baldíos ya olvidados del Sur


Quiero recordar en este humilde homenaje a quienes con sacrificio y valentía hicieron de los baldíos de la esquina señoras canchas de fútbol. Con poco, eso sí: dos bolsos de arco, unos palos de escoba de límite de cancha y una pelota usada. Pero...el pasto siempre cortado al ras. Ni una mata de pasto larga ¡Había que laburarlo al baldío para que fuera una cancha!
Es verdad, que también estaban los baldíos de tierra, esos de la esquina, al lado de la Graciela que casi nunca devolvía las pelotas.
En realidad hoy mi homenaje intenta ser desde el recuerdo, pero enclavado en este presente que convirtió a esos ejidos urbanos en modernas casas, departamentos o algo parecido.
En esta línea es que el periodista deportivo Héctor Vega Onesime en su libro “Memorias de un periodista deportivo” le brinda unos párrafos emotivos al potrero y cuenta que “era el apéndice del barrio en el que practicábamos –sin saberlo conscientemente- virtudes que araron nuestro espíritus. La amistad, la solidaridad, la generosidad, la lealtad. Pilares de una sociedad imperfecta, no desprovista de carencias y deformaciones, aunque sensible para detectar y expulsar a sus agentes malignos”.
“Quizás la melancolía -agrega Onesime- distorsione mi juicio, pero viendo tanta corrupción impune, inmoralidad premiada, y ‘sálvese quien pueda’, rescato aquel mundo de límpida simpleza, en el que la comunidad podía servirse de resortes naturales para aislar a quienes traicionaban los sanos códigos de la convivencia”.
Y sobre el final de su relato el periodista Héctor Onesime cita a Albert Camus quien en una pasaje de su pensamientos deja en claro que”después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias. Lo que mas sé, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.
Tal vez, inspirado en los versos del escritor lomense Juan José Manco que dicen: “Las lomas de mi tierra echadas / sobre esta vasta alfombra / de la verde llanura”, podemos decir que la alfombra imperfecta en la que se pateaba hasta la llegada de luna jamás se ha ido volando como cuento de “Las mil y una noches” sino que aún está ahí, aunque no podamos verla.
Siempre serás potrero
Lotes sin dueño que dieron origen a clubes famosos del sur como El Fogón de Mármol. Este club fue fundado el 27 de septiembre de 1930 por vecinos de arraigo de la localidad.
En relación a su particular nombre Romualdo De Lillo (h) explica que “La denominación que trae reminiscencias camperas se debe no solo al fogón a cuyo rededor se unen los amigos, sino a un perro que acompañaba a los fundadores (por lo baldíos sin dueño) y se llamaba “Fogón”.
¡Qué falta de respeto!, tanto cuidarlo para que un día un martillero ponga cartel de venta, y con el cuento que está cerca de la estación, a dos pasos del colectivo y a veinte minutos del centro… chau baldío!!!!!!!
Es innumerable, hoy en día, la cantidad de personas que compraron sus terrenos años atrás por intermedio de inmobiliarias de la Capital Federal que ponían en venta tierras en la zona sur: nuestros potreros, claro. Acaso, esta es una de las razones por la cual hoy hay tanta población en este sector del Gran Buenos Aires.
Los compradores venían traídos en trenes especiales o en “bañaderas“. Y así y sin más se quedaban con nuestros terrenos y sus historias y sus gambetas...

Importantes cartillas.

Cada rematador preparaba lujosas cartillas para publicitar las tierras que tenía a la venta; y las mismas se regalaban a cada cliente o comprador. Esta costumbre viene desde principios de siglo ya que Turdera en 1912 tenía un cuadernillo importante con todas las bondades que el ejido tenía para ofrecerle a futuros dueños.
No todas eran de varias páginas pero sí todas le contaban a la gente cuáles eran los medios de transporte, servicios que tenía el lugar, construcciones aledañas y de que manera se podía viajar a la Capital Federal.
Además, se ponían al dorso las formas de pago y en que forma se podía obtener la escritura. La cantidad de lotes que se vendían era algo bastante inestable: en Turdera en 1943, en el límite con Adrogué, se pusieron a disposición de los compradores algo así como 190 lotes, y en otros parajes los loteos recién comenzaban a venderse de a uno.
Máximo Paz, barrio La Unión, Monte Grande, Temperley, Turdera, Adrogué, Burzaco... fueron avanzando a fuerza de remates y clientes porteños. Y para que el comprador no se fuera con las manos vacías algunas veces se acostumbraba a servir un ágape al mediodía. Los artilugios eran variados, pero efectivos.
El potrero pasó a ser un terreno con cimientos, y al poco tiempo paredes, y más tarde un regio asado para festejar el techo de la nueva vivienda.
Nada quedó de esas porciones de tierra que convivían con calles de árboles y de adoquines con grandes tiendas: negocios con enormes toldos y ese tranvía que la recorría en parte para buscar refugio en la estación de tren.
¿Donde estarán los potreros?, casi la misma pregunta que se hizo el filósofo de los barrios Alejandro Dolina con aquello de ¿dónde estarán los millones de bolitas que ya no queda ni una? Seguro que la respuesta será la misma, tanto para las bolitas como para lo baldíos, devenidos en potrero, Enterrados. Sí, las bolitas con bastante tierra y nuestras canchas con bastantes cimientos.

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Y hoy más de uno recorre el barrio y con una lágrima a flor de mejilla recordará esas maratónicas jugadas en la que se dejó como 5 tipos en el camino, o aquellas en las que se convirtió como 7 goles en una tarde.
O esos baldíos de lujo que en el mejor de los casos se convertían en señoras canchas ya que sus dueños pudieron hacerse del terreno y le construían el cerco perimetral, pintaban las viviendas que estaban en la manzana y acomodaban los alambres y banderines que conformarían la estética de un campo de fútbol 5 estrellas.
Hasta la historia grande del fútbol se gestó en estos solares: un hito en este recorrido es marcado el 26 de enero de 1896 ya que "en esta fecha se juega en un potrero, dos cuadras al norte de la estación ferroviaria, un partido de cricket entre los equipos de Mr. Burton y Mr. Griggs. Gana Burton por 12 a 11 y queda fundado el Club Atlético Banfield que lucirá camiseta a franjas verticales azules y negras", plasmó Juan Luis Stoppini en una investigación lugareña.
Pero hoy en esos antaño ejidos de fútbol: el arco es arco, pero de ventana, el área es área , pero área de comedor diario, el banderín de corner, es una media flameando en la soga, y la pelota que rodaba es un bebé recién nacido que rueda por el patio con el muñeco de trapo.
Cuesta creer que desaparecieron los baldíos, los de siempre, los que parecían eternos. Hasta que un buen día, un tipo con cara de nada, de esos que nunca patearon al arco, pusieron un cartel, por orden de un tercero. Y chau baldío.
Acaso, son válidos los cálidos versos de Nilda Heredia: “Te veo. Te reconozco entre los tranvías / en los zanjones coreando las ramas / bajo el sopor húmedo de tus noches / los banquillos, la calesita a caballo”. Estos sirven para describir lo que muchos vecinos piensan sobre el pasado que se fue y el presente que nos marca sus realidades.
Pero sostengo que habría que penar a quienes nos sacaron los potreros. Esos, que hoy sólo son recuerdo de todas las mañanas que viví y todas las calles donde me escondí.


Federico Guerra

lunes, 31 de agosto de 2009

Jorge Luis Borges:El escritor de los senderos que se bifurcan


Federico Gastón Guerra
Artículo publicado originalmente en la revista literaria La Casa de Asterión. Colombia.

El autor de este ensayo es periodista de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. Argentino, natural de Turdera, ciudad sobre la que ha realizado investigaciones históricas, homologándola con el espacio icónico y mítico que aparece en algunos cuentos de Borges. Ha dictado conferencias en su país sobre Borges y la zona Sur.
Miembro del Instituto Histórico Municipal del partido de Lomas de Zamora.

Ha sido Borges un enamorado de la zona Sur. Sus obras siempre reflejaron estas tierras, donde ubicaba sus cuentos de malevos. Vaya este artículo como un humilde homenaje al creador del Aleph

"--Hablemos de esas mitologías de compadres y caudillos.
--Yo no creo que corresponda a Adrogué sino a Palermo o a Turdera. Como la famosa familia de los Iberra ".
Este pequeño diálogo se da entre la desaparecida revista Sur Semanario y el escritor Jorge Luis Borges.
Ha sido sin duda alguna este hombre de las letras uno de los escritores más interesantes que hayan pasado por la literatura nacional. Cada cuento o línea de Borges tenía aroma a malevaje. Por esto, en el poema "El Tango", no duda en calificar a nuestro compadritos como "hombres del cuchillo y el coraje ".
Tal vez la síntesis perfecta de lo reflejado por el ganador del Premio Cervantes hayan sido los Iberra, así, a secas y con todo el afecto con el que antiguos vecinos recuerdan a estos hermanos. Afectos de ira, de ternura o de simple leyenda de un Turdera de la Costa Brava y el camino de Las Tropas.

Por Adrogué: su continente
De estas tierras emanaron sus mejores cuentos.
"En su niñez solía (Jorge Luis Borges) pasar los veranos en esta ciudad (Adrogué). En 1977 Ediciones Adrogué publicó su libro "Adrogué", con ilustraciones de su hermana Norah", se lee en la colección Clarín sobre el Partido de Almirante Brown.
El gran escritor tuvo siempre esa sensibilidad por el Sur, sus aromas y sus paisajes.
De allí surge que como una profunda mimetización con su terruño, escribió en el poema "El sur" (igual título para el cuento): "Desde uno de tus patios haber mirado / las antiguas estrellas, / desde el banco de la sombra haber mirado / esas luces dispersas / que mi ignorancia no ha aprendido a nombrar / ni a ordenar en constelaciones, / haber sentido el círculo del agua / en el secreto aljibe, / el olor al jazmín y la madreselva, / el silencio del pájaro dormido, / el arco del zaguán, la humedad, / esas cosas, acaso, son el poema."
Y no sólo esos indicios guiñó. Además, por Adrogué, gestó esos senderos que se bifurcan y que, según él, son "una enorme adivinanza, o parábola, cuyo tema es el tiempo; esa causa recóndita le prohíbe la mención de su nombre".
En este segmento de "El Jardín de los senderos que se bifurcan", de su mítico libro Ficciones, podemos rastrear unas líneas más acerca del profundo apego que sobre él marcó Adrogué y ese halo de misterio que él mismo entregaba: "Omitir siempre una palabra, recurrir a metáforas ineptas y a perífrasis videntes, es quizá el modo más enfático de indicarla".
La periodista del diario Clarín, Sandra Comiso, en una nota fechada el jueves 13 de junio de 2002, precisa que "Fue en una quinta de la calle Macías donde (Jorge Luis Borges) pasó interminables tardes de la infancia junto a su hermana Norah, y fue también allí (Adrogué) donde vivió junto a su madre, Leonor Acevedo, ya viuda, en una sencilla casa de Diagonal Brown 301, durante la década del 40".
"Y fue en el Hotel «La Delicia» --amplia Comisso--, uno de sus lugares favoritos, donde solía cenar con amigos. Adrogué tuvo mucho que ver en el contenido y continente de su literatura."
De este suburbio gestado sobre diagonales y coquetas construcciones, el célebre literato tomó las musas para escribir, acaso y según sus palabras, su mejor cuento: "El sur".

Una fortuna
El manuscrito de "El Sur" fue fechado en Adrogué y subastado en Junio de 2002 por 186.000 dólares. El dinero fue pagado por la fundación suiza "Martín Bodmer".

La información periodística del 21 de Junio de 2002 daba cuenta de que "la venta fue un éxito. Los 186.000 dólares conseguidos por la versión manuscrita de su cuento «El Sur», escrito en 1953 y datado en Adrogué, superó ampliamente la base inicial estimada de unos 90.000".
Las hojas eran 8 páginas amarillentas arrancadas de un cuaderno espiral y con márgenes llenos de anotaciones del propio Borges.
Tal vez la popularidad se dio debido a que fue el último cuento de puño y letra, antes de quedar ciego. De allí se desprende esa maestría para no perder detalles de ese almacén antiguo que él describe en el cuento y que muchos dan por descontado que se trata del Almacén de Ramos Generales Santa Rita.
El Almacén de Santa Rita fue construido hacia 1870 en la confluencia del camino real y el camino de Las Tropas (actualmente avenida H. Irigoyen y Avenida Frías). Funcionaba como almacén de ramos generales y despacho de bebidas. Allí se filmó la película "De eso no se habla", de María Luisa Bemberg, y pasaron figuras como Marcelo Mastroiani, Joan Manuel Serrat, Luisina Brando.
Borges lo inmortalizó con estas líneas de "El Sur": "El almacén había sido punzó, pero los años habían mitigado para su bien ese color violento. Algo en su pobre arquitectura le recordó un grabado en acero, acaso de una vieja edición de Pablo y Virginia. Atados al palenque había unos caballos."
"Dahllman --prosigue el cuento--, adentro, creyó reconocer al patrón; luego comprendió que lo había engañado su parecido con uno de los empleados del sanatorio. El hombre, oído el caso, dijo que le haría atar la jardinera; para agregar otro hecho a aquel día y para llenar ese tiempo, Dahllman resolvió comer en el almacén. En una mesa comían y bebían ruidosamente unos muchachones, en los que Dahllman, al principio no se fijó []."

Siempre El Sur
"Velay señores la historia de los hermanos Iberra / hombres de amor y de guerra y en el peligro mejores / la flor de los cuchilleros / y ahora los tapa la tierra". Estos versos son parte del tan mentado poema "Milonga de dos hermanos", en donde el escritor de El Aleph refleja con precisión el pasar de una familia en un suburbio sombrío.
Eran tempos en que el cuchillo brillaba en la noche como colmillo envenenado y no sabía de razones ni de lógicas; por eso ha de ser que en uno de sus cuentos Borges asevera que no eran los hombres quienes peleaban sino las armas.
"La intrusa" es otro de los relatos en donde el maestro de las letras toca el tema de las mujeres fáciles, los prostíbulos sucios de la zona de Morón y la escenografía principal de un Turdera sombrío, en el seno de una casa a orillas de las vías junto al Puente de ladrillos que aún hoy se conserva tal como entonces, en la intersección de las vías del ferrocarril Roca y la avenida General Frías, en el límite de Turdera, Llavallol y Adrogué.

Juan Muraña, Jacinto Chiclana y tantos otros pendencieros de zonas oscuras subsumidas en callejuelas angostas y tierra por doquier; ganado cimarrón, ombúes a la distancia y ranchos de adobe y paja, era lo que completaba el montaje de caballos y relatos del narrador de historias pendencieras que descansa en Ginebra.
Querer, en un artículo, enumerar todas las características del máximo escritor que ha acunado en Adrogué, parte de sus mejores recuerdos, sería muy difícil ya que en sus escritos siempre se puede profundizar más y más y sorprenderse con alguna postal sureña de esos tiempos de carruajes halados y paisajes vírgenes de toda geografía trazada por la mano del hombre.
Cada páramo sería un lugar en donde el duelo criollo estaría presente, esperando que una pluma capte como una fotografía el momento de la estocada final, cada villorrio esperaría con ansias la llegada de Borges para contar sus historias de copas de más y pelea maleva.
Y ese Borges fatal --de quien los santos se apiaden-- dejó su obra dedicada a aquellos que tiñeron con honor cada duelo del Sur y que le dieron tinta para que dejara en sus libros todas y cada una de las expresiones del hombre guapo, pero guapo en serio.

Lastima que faltó el Premio Nóbel ya que hubiera sido además el premio a esas historias que de tan repetidas por todos hasta hubiéramos creído verdaderas al sentirlas como ciertas en la escritura de Jorge Luis Borges, el mentor del cuchillo y el coraje.
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© Federico Gastón Guerra
LA CASA DE ASTERIÓN
ISSN: 0124 - 9282
Revista Trimestral de Estudios Literarios
Volumen IV - Número 14
Julio-Agosto-Septiembre de 2003
DEPARTAMENTO DE IDIOMAS
FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - FACULTAD DE EDUCACIÓN
UNIVERSIDAD DEL ATLÁNTICO
Barranquilla - Colombia
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domingo, 30 de agosto de 2009

Las Primeras Farmacias De Temperley y Turdera


La primera Farmacia que tuvo Temperley fue la “Farmacia Duchini”, esta abrió sus puertas en 1900 frente a la estación del ferrocarril Roca, en la calle Meeks casi esquina 25 de Mayo. No sólo funcionó como botica sino que también en su local se realizaron reuniones con personajes que fueron protagonistas de la historia nacional como “el Teniente General Pablo Riccieri, Pastor Obligado, Juan Argerich, entre otros vecinos. Las tertulias que allí se hacían eran amenizadas con buena música, una copa y buena charla. Como si algo faltara, allí también se pintaban cuadros”, cuenta Jorge Gualco y Alberto De Paula en el libro “Temperley su historia, su gente”.

Turdera, ciudad pegada a Temperley en el partido de Lomas de Zamora, tuvo su primera farmacia hacía los primeros años de la década de 1920, (no teniéndose precisión en el año), y estaba ubicada en las calles Santo Tomás y avenida Puig cerrando poco después de abrirse: “Cerró tal vez porque en Turdera no se enfermaba nadie en aquel tiempo”, rememoraba Manuel Severi en la publicación de la revista San Pablo de 1937.

Una anécdota que vale la pena reflejar relacionada con la farmacia de Duchini en Temperley, la falta de medicamentos en la botica de Turdera y el tranvía a caballo que unía Turdera con Temperley, -ese tranvía que tenía su estación en la avenida Puig y Santo Tomás en Turdera y en la estación ferroviaria de Temperley- dice: “¿Quién no recuerda a la vez, a más de una vecina que detenía la marcha del tranvía con la justificada protesta de más de un pasajero en apuros, para pedirle al conductor que le trajera de la farmacia de Duchini un paquete de algodón, o $0.20 centavos de sal inglesa. O bien La Prensa, o cualquier otro menester, que tan bien y con buena voluntad se prestaban a hacer los muchachos que gobernaban la yunta mala cara de la ya destartalada carroza”, nuevamente Manuel Severi es quien pintaba de cuerpo entero, con tradiciones cotidianas, la vida de dos pueblos que respiraban aires campestres y latían a otro ritmo.

Federico Gastón Guerra
Nota: La fotografía es sólo ilustrativa de una farmacia de la época. Esta es un típico comercio de La Pampa. Ilustración de http://www.region.com.ar/productos/semanario/archivo/760/mitre760.htm

Cuando "La Delicia" era alojarse en el hotel


Allí se alojaron Sarmiento, Carlos Pellegrini, Manuel Quintana, los escritores Belisario Roldan, Miguel Cané, Roberto J. Payró, Jorge Luis Borges, y los pintores Ernesto de la Carcova e incluso llegó a concentrar allí el primer equipo de Boca Juniors en los años 40. Fue demolido en 1958.
El hotel fue la residencia de Esteban Adrogué a fines de 1871 (en la hoy esquina de la avenida Espora y Esteba Adrogué) que en 1873 fue convertida en el famoso hotel "La Delicia" (no "Las Delicias"). Este nombre se debe a que un amigo de Adrogué, Ochoa, quien visitó el paraje exclamó: "Esto es la delicia". Por eso, el lugar de descanso pasó a tener ese nombre.
Incluso la calle que hoy se llama Esteban Adrogué fue conocida durante años como "La Delicia" debido a que iba desde la estación hasta la entrada del hotel. La misma fue trazada por Esteban Adrogué para la comodidad de los turistas que venían a alojarse en las instalaciones. Esta calle pasó a llevar el nombre del fundador del partido de Almirante Brown hacia 1893.
Políticos
"El hotel La Delicia, en Adrogué, ocupa un capítulo dorado. El político Carlos Pellegrini era uno de sus asiduos concurrentes veraniegos e, incluso llegó a festejar allí sus bodas de plata con Carolina Lagos, ofreciendo un apoteósico baile en el verano de 1896", se lee en la nota "Aquellos veranos del poder" de la revista Viva.
Y de la tertulia social la nota pasa al episodio político: "Allí durante su veraneo de 1898, protagonizó un episodio con el periodista Julio Piquet quien lo recopiló en el artículo un reportaje frustrado . Contaba Piquet 'sólo una vez hablé con el Dr. Carlos Pellegrini fue en el Hotel La Delicia (...) hice levantar de la cama al ilustre estadista a las 11 de la noche para preguntarle si era cierto que había vuelto sobre sus declaraciones repetidas de que no quería ser candidato a la presidencia'".
Los peces de Sarmiento
Otro hombre clave de la historia de nuestro país que supo pasear su figura por el inagotable Hotel fue Domingo Faustino Sarmiento quien tuvo su estada en Adrogué y en la nota "Aquellos veranos de poder" el hecho no pasó inadvertido.
"En 1873, cuado Domingo Faustino Sarmiento, entonces Presidente, visitó el hotel, fue tal la admiración que le produjo el estanque de agua de La Delicia que inmediatamente dispuso efectivizar la donación de unos cuantos ejemplares de peces de cultivo al dueño, Esteban Adrogué."
La anécdota concluye al decirse que "El Presidente envió una variedad proveniente de arroyos y lagos de Norteamérica: los peces carpa, especialmente apreciados por los gourmet, fueron saboreados en La Delicia por muchos políticos y dirigentes de época". Además, y entre tantos otros, Manuel Quintana, los escritores Belisario Roldan, Miguel Cané, Roberto J. Payró, Jorge Luis Borges, y los pintores Ernesto de la Carcova e incluso el primer equipo de Boca Juniors en los años 40, supieron gozar de las instalaciones de la residencia.
Bella Adrogué
El hotel fue demolido en 1958 cuando el paisaje de Adrogué era la pintura que Miguel Di Leo trazó en su poema "La Canción de Adrogué": "Es tan bonita la Ciudad de Adrogué/ maravillosa pintura / que Don Esteban legó... / El dulce encanto de sus plátanos y tilos / eucaliptos y pinos / y sus jardines en flor. / Es un manto bordado / de llamas y flores / pueblo de mis amores / nunca te dejaré. / Como te adoro a ti, Ciudad de mis amores / no encuentras otros lugares / como mi bella Adrogué."


Nota publicada por Federico Guerra en el semanario Lo Más Regional de Lomas de Zamora
Martes 17 de mayo de 2005 Edición número 12 - Año 1